Vivimos en una cultura de la «perfección canina». Paseamos por Instagram y vemos perros que van sueltos, que ignoran a otros perros, que se quedan quietos en una terraza mientras sus dueños toman café. Y luego estás tú, que evitas las horas punta, que cruzas de acera cuando ves a un Golden Retriever y que vuelves a casa con los brazos doloridos de tanto tirar.
Lo primero que quiero decirte desde EmpathyDogs es algo que rara vez se dice en este sector: No es culpa tuya. Y no eres un mal guía.
El peso del juicio social
Tener un «perro difícil» (reactivo, miedoso o con alta sensibilidad) conlleva una carga emocional enorme. El juicio de los demás («es que no sabe controlarlo», «es que lo consiente») hace que te aísles. Pero la realidad es que cada perro tiene su propia mochila genética y de experiencias. Como dice Susan Garrett, el éxito no es que tu perro sea el más obediente del parque, sino que se sienta seguro contigo en cualquier situación.
¿Por qué fallan los métodos convencionales?
Muchos de nuestros clientes llegan tras haber probado de todo: collares de castigo, toques, «shhhts», premios a destajo… y nada funciona a largo plazo. ¿Por qué?
- Porque no validan el miedo: No puedes castigar una emoción. Si tu perro ladra por miedo, castigar el ladrido solo hará que tenga más miedo (a lo que ve + a tu reacción).
- Porque no tienen en cuenta al humano: El estrés del guía es una variable fundamental que los adiestradores tradicionales suelen ignorar.
En EmpathyDogs, trabajamos desde la empatía total. Entendemos que vuestro camino es diferente y que vuestros logros se miden en pequeñas victorias: un paseo sin incidentes, un momento de calma en el sofá, una mirada de confianza.
Deja de compararte con el resto y empieza a entender a tu perro. [Reserva tu Auditoría de Vínculo ] y diseñemos una hoja de ruta que os devuelva la alegría de vivir juntos.

